Por: Jennifer Sullón Chinga, Directora general de la Universidad Señor de Sipán, campus Piura
Por años, la ingeniería y, en general, las profesiones relacionadas con la ciencia, la tecnología y la gestión de proyectos se han percibido como campos predominantemente masculinos, Piura no es la excepción. Como departamento cuyo desarrollo económico y productivo depende cada vez más de profesionales capaces de abordar desafíos complejos en áreas como la construcción, la agroindustria, la industria, la energía, o la gestión de infraestructura, la participación de las mujeres no debe considerarse una excepción, sino un componente esencial de una sociedad más competitiva, diversa y equitativa.
Hablar de mujeres en ingeniería implica reconocer que las barreras van más allá de la formación académica. Las brechas de género siguen manifestándose en las oportunidades de empleo, el acceso a puestos de toma de decisiones, el desarrollo profesional y, en varios casos, en la forma en que las mujeres perciben sus propias capacidades. Para muchas mujeres, ingresar a entornos dominados por hombres significa enfrentar exigencias profesionales, pero también la necesidad constante de demostrar que poseen las mismas competencias requeridas para asumir puestos de alta responsabilidad.
Personalmente he vivido esta realidad. Como mujer que trabaja en el campo de la ingeniería, he experimentado lo que significa ser la única mujer en una sala, trabajar en entornos donde los hombres están abrumadoramente representados y, en ciertos momentos, preguntarme por qué los puestos de liderazgo siguen estando ocupados en su mayoría por hombres. Reconocer esta realidad no significa aceptarla como inevitable; al contrario, visibilizarla es el primer paso para transformarla.
A veces, la introversión, la inseguridad o la sensación de no encajar pueden convertirse en obstáculos silenciosos; sin embargo, la experiencia profesional también nos enseña que el liderazgo no depende de cuánto ruido hagamos, sino de nuestra capacidad para tomar decisiones, armar equipos, solucionar problemas y lograr resultados. Una mujer no necesita imitar los modelos tradicionales de liderazgo masculino para demostrar autoridad. Puede liderar mediante la preparación, la empatía, el pensamiento estratégico, la comunicación efectiva o la firmeza de sus decisiones. Por esta razón, me parece que el verdadero empoderamiento femenino no se reduce a un eslogan; la preparación académica, el aprendizaje continuo, las habilidades digitales, el liderazgo y una comprensión crítica de la realidad son herramientas esenciales para competir.
Sin embargo, la preparación por sí sola no basta si las oportunidades siguen estando limitadas estructuralmente. Las corporaciones tienen la responsabilidad de crear las condiciones que permitan a las mujeres desarrollar su talento y alcanzar puestos de liderazgo, no se trata de otorgar privilegios por razón de género, sino de garantizar que ninguna mujer enfrente barreras adicionales simplemente por ser mujer. Por lo tanto, la educación superior desempeña un rol estratégico, las universidades no solo forman profesionales, también pueden convertirse en espacios donde se transforman las percepciones sociales cediendo oportunidades de desarrollo. Desde mi propia experiencia, me siento orgullosa de haber construido mi trayectoria profesional en la Universidad Señor de Sipán, una institución donde he encontrado oportunidades para crecer profesionalmente, asumir nuevos retos y demostrar que el talento, cuando se le brinda la oportunidad de desarrollarse, puede convertirse en liderazgo.
Esta experiencia me ha permitido valorar especialmente el compromiso de la USS con el desarrollo profesional y personal de las mujeres, crear oportunidades para que las mujeres avancen, asuman mayores responsabilidades y busquen nuevos retos significa contribuir, a través de la educación, a cerrar brechas que durante demasiado tiempo se consideraron naturales. En este recorrido, encontramos a una mujer que representa un poderoso ejemplo de perseverancia y liderazgo; la Dra. Carmen Rosa Núñez Campos, presidenta ejecutiva de la universidad. Su trayectoria demuestra que el liderazgo femenino no es incompatible con la vida familiar, la maternidad ni las responsabilidades profesionales; al contrario, su experiencia como mujer, madre, profesional y líder institucional evidencia que es posible asumir responsabilidades significativas sin renunciar a las distintas dimensiones que conforman nuestra identidad.
Su liderazgo también transmite un poderoso mensaje a las nuevas generaciones, una mujer puede ocupar puestos de toma de decisiones, dirigir una institución, crear oportunidades para otras personas y, al mismo tiempo, mantener una sólida conexión con su familia y sus convicciones personales. Las mujeres que alcanzan puestos de liderazgo no solo ostentan un título; a menudo se convierten en modelos a seguir para otras mujeres que aún intentan imaginarse en esas posiciones. Por eso, cuando una mujer alcanza un puesto de liderazgo, su logro tiene un significado que trasciende lo individual. Cada puerta que una mujer abre facilita el paso a otra. Cada ingeniera que lidera un proyecto, cada investigadora que encabeza un equipo, cada profesional que se convierte en gerente y cada académica que asume responsabilidades institucionales contribuye a cambiar la percepción de lo que las mujeres son capaces de lograr.
Piura necesita mujeres que no teman ocupar estos espacios. Necesita investigadoras, economistas, ingenieras, arquitectas, científicas, emprendedoras, educadoras y profesionales dispuestas a asumir responsabilidades en los sectores estratégicos de la zona, pero también necesita instituciones que crean en ellas y que generen condiciones reales para su desarrollo profesional. El reto, por lo tanto, no consiste simplemente en aumentar el número de mujeres en las aulas universitarias. El verdadero reto es asegurar que estas mujeres puedan graduarse, acceder a empleos dignos, desarrollarse profesionalmente, recibir oportunidades de ascenso y alcanzar puestos donde puedan tomar decisiones e influir en el rumbo de sus organizaciones y de la sociedad.

