El Perú despide a Marcelino Abad Tolentino, conocido como ‘Mashico’, el hombre más longevo del Perú. Fueron sus familiares quienes confirmaron la noticia. ‘Mashico’ falleció a los 125 años en Huánuco, a pocos días de su cumpleaños este 5 de abril.
El adulto mayor residía en una casa hogar en el distrito de Huácar, provincia de Ambo, donde convivía con otros beneficiarios del programa social. En este lugar, él formó vínculos de cercanía y acompañamiento.
Midis expresa condolencias y destaca su legado
Desde el Midis, la ministra Lily Vásquez Dávila lamentó su partida y resaltó el valor simbólico de ‘Mashico’ como ejemplo de fortaleza y dignidad. La entidad también informó que se brindó acompañamiento a las personas de su entorno cercano, en señal de solidaridad institucional.
Según el reporte médico, su fallecimiento se produjo por causas asociadas a su avanzada edad. Días antes había presentado complicaciones respiratorias vinculadas a cambios climáticos, de las que logró una recuperación parcial.
De la invisibilidad al reconocimiento del Estado
La historia de Marcelino Abad refleja una vida marcada por la adversidad. Nacido en 1900, enfrentó la pérdida temprana de sus padres y largos periodos de soledad, superando condiciones difíciles en zonas rurales de Huánuco.
Recién en 2019 fue identificado por el programa Pensión 65 en una zona alejada, donde vivía sin documento de identidad ni acceso a servicios básicos. Luego de la articulación del Reniec con autoridades locales, logró obtener su identificación y ser incorporado al sistema de protección social.
Longevidad, hábitos y un símbolo nacional
‘Mashico’ atribuía su longevidad a una alimentación natural basada en productos cultivados por él mismo, como frutas y verduras, además de un estilo de vida activo.
Su historia trascendió el ámbito local y se convirtió en un símbolo de resiliencia y envejecimiento digno en el país. Su historia resaltó la importancia de fortalecer políticas públicas orientadas a la atención integral de las personas adultas mayores.
Hoy, su legado permanece como referencia de vida y como recordatorio de la necesidad de garantizar una vejez con derechos, respeto y bienestar en el Perú.

