Carlos Arrizabalaga | Universidad de Piura

Pertenece a una serie reducida de vocablos, con derivación femenina, que se aplican a madrigueras de distintas especies: conejera, zorrera, pajarera, osera, cuyera… La forma, probablemente, se explica porque en muchas especies las crías quedan al cuidado de las hembras (no es una ley tajante y también hay casos, aunque menos, en masculino, como hormiguero y avispero). En ese sentido, una cangrejera es una cueva de cangrejos.

Es curioso que sea también el nombre que designa hoy, solo en la costa norte de Perú, la rajadura o el desmoronamiento de las pistas. Se aplica también al ámbito de la construcción, para designar una zona defectuosa con vacío o bolsas de aire en el concreto. En Venezuela, es palabra ordinaria, pero eso no viene a cuento.

Los diccionarios de localismos no registran todas las palabras de uso regional y, de hecho, esta palabrita aparece solo registrada por Martha Hildebrandt (1949). La definía como “brecha o rajadura hecha en los coloches al construir sus nidos las lagartijas”. Esto revela dos cosas: el término ha pasado del ámbito rústico, al de las vías de transporte, y en el tránsito de la metáfora ayudaron las lagartijas, que excavan huecos más grandes, con lo que se explica mejor la evolución del término y la extensión reducida a la costa norperuana.

Sigue empleándose de igual modo para nombrar los derrumbes en los andenes y diques (llamados aquí tradicionalmente “coloches”), y, lamentablemente, las estamos viendo ahora en el cauce del río Piura a su paso por la ciudad: sube el caudal con unos pocos días de lluvia y una obra millonaria, que debió estar terminada hace meses. se llena de cangrejeras. Pero, son cangrejos de otra índole los que ocasionan desastres tan perjudiciales, aunque igual saben muy bien esconderse detrás de oscuros papeleos.

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