Sufrir un robo puede dejar consecuencias emocionales que van más allá de la pérdida de bienes. El temor a salir de casa, la ansiedad al escuchar una motocicleta o la sensación de estar en peligro incluso en lugares seguros son algunas de las reacciones que pueden experimentar las víctimas. Jeffry Montenegro Cotrina, psicólogo de la Unidad de Salud Mental de la Universidad de Piura (UDEP), explica cómo afrontar estas respuestas y recuperar progresivamente la confianza.
¿Por qué el miedo persiste después de un asalto?
Tras una experiencia violenta, el cerebro puede asociar sonidos, lugares o situaciones cotidianas con el momento del robo. Por eso, escuchar una motocicleta similar a la utilizada por los asaltantes puede desencadenar tensión muscular, aceleración del ritmo cardíaco o respiración agitada, incluso si no existe una amenaza inmediata.
También pueden aparecer irritabilidad, sobresaltos, dificultades para dormir, sudoración y temblores. Según Montenegro, estas reacciones no significan necesariamente que la persona tenga un trastorno psicológico. Para determinar si necesita atención especializada, es importante evaluar la intensidad y duración de los síntomas, así como su impacto en la vida diaria.
Evitar salir de casa puede prolongar el temor
Después de un asalto, algunas personas dejan de caminar por determinadas calles, evitan tomar taxis o prefieren permanecer en casa para no recordar lo sucedido. Aunque estas decisiones pueden reducir la ansiedad momentáneamente, mantener la evitación puede contribuir a que el miedo persista.
El especialista advierte que las señales de alerta aparecen cuando la persona deja de asistir al trabajo o a clases, abandona actividades que disfrutaba o siente angustia intensa cada vez que un familiar sale de casa.
Pasos para recuperar la seguridad personal
Montenegro recomienda retomar las actividades de manera gradual y adaptada a cada persona, sin exponerse innecesariamente a situaciones peligrosas. Salir unos minutos, caminar distancias cortas y recuperar progresivamente los desplazamientos habituales pueden ayudar a restablecer la confianza.
Cuando un ruido o un lugar despierta el recuerdo del asalto, el psicólogo aconseja observar el entorno y distinguir entre una amenaza real y el temor asociado a lo ocurrido. Si no hay un peligro inmediato, concentrarse en el presente y realizar ejercicios de respiración puede ayudar a manejar la ansiedad. Si existe una amenaza, la prioridad debe ser ponerse a salvo.
El apoyo familiar y la atención psicológica son importantes
El acompañamiento de familiares y amigos también influye en la recuperación. En lugar de minimizar el miedo con frases como «ya pasó» o «estás exagerando», el especialista recomienda reconocer lo que siente la víctima y acompañarla mientras retoma sus actividades.
Si el temor interfiere con el sueño, el trabajo o los estudios, provoca ataques de pánico o lleva a abandonar las rutinas habituales, es importante buscar atención psicológica. No todas las reacciones posteriores a un robo constituyen un trastorno de estrés postraumático; su diagnóstico requiere una evaluación profesional.
Recuperar la confianza después de un asalto no significa dejar de tomar precauciones, sino volver a realizar las actividades cotidianas sin que el miedo determine cada decisión.

