Hoy, en Piura, el movimiento económico no solo se refleja en cifras: se percibe en más consumo, negocios más activos y empresas que han retomado su ritmo de producción. En ese contexto, la economía regional mantuvo un desempeño positivo a lo largo del año y cerró 2025 con un crecimiento de 4,7 %, su mejor resultado en los últimos años.
De acuerdo a las cifras analizadas por la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), el sector más dinámico fue la pesca, que creció más de 23 % impulsada por un mayor desembarque de especies para consumo humano directo, especialmente la pota. A ello, se sumó la primera temporada de anchoveta y el incremento en los límites de captura. En contraste, la minería e hidrocarburos registró una caída de -1,1%, afectada por una menor producción de petróleo crudo y líquidos de gas natural, sobre todo hacia el cierre del año.
Dinamismo
Más allá de los resultados de un año específico, la economía de Piura se sostiene de la interacción de varios sectores que explican su dinamismo. El comercio, que representa el 13,9 % de la economía regional según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), es el principal motor.

Le sigue la manufactura (13,6 %), cuya importancia está en transformar materias primas en productos con mayor valor agregado, especialmente en derivados de petróleo. Este sector no solo impulsa la producción industrial, sino que genera empleo a lo largo de toda la cadena productiva. Parte de esta dinámica se sostiene en el sector agropecuario, que representa el 9 % de la economía regional.
“El agro produce las materias primas desde lo que se cultiva y en la manufactura se procesan para la venta. Por ejemplo, cultivos como el arroz, las frutas o productos pesqueros no solo se venden en su estado natural, sino que pasan por procesos industriales –como pilado, envasado o procesamiento– que les agregan valor. Esta conexión permite que lo que se produce en el campo genere más actividad económica, amplíe la cadena productiva y cree más empleo”, explicó Germán Vega, economista de REDES.
En esta red de actividades también destaca el sector minería e hidrocarburos (13 ,6%), que, pese a su reciente caída, sigue siendo relevante. Los fosfatos naturales, por ejemplo, sostienen parte de la oferta exportable de Piura, con destinos como Estados Unidos y Brasil,. Además, Argentina e Indonesia, donde se utilizan para la producción de fertilizantes.
“Precisamente, el desempeño económico responde a una dinámica donde distintas actividades se conectan y se impulsan entre sí. Cuando esto ocurre, el crecimiento se traduce en más trabajo, más ingresos y mayor movimiento en la región. Pero, si crecer es lo que permite que haya más oportunidades, la pregunta es clara: ¿qué se necesita para que ese crecimiento se mantenga y llegue a más personas en el tiempo?”, señaló Vega.
Formalidad laboral
En esa línea, uno de los principales retos es reducir la alta informalidad en la región. Cuando una parte importante de los piuranos se mantiene fuera de la economía formal, se limita la generación de empleo productivo, la inversión y el crecimiento de los negocios.
La formalidad no solo permite acceder a mercados y protección social, sino que también eleva la productividad y la competitividad de la región. A esto se suman brechas en servicios públicos –como agua, educación e infraestructura– que encarecen la actividad económica y reducen las oportunidades de desarrollo. Es necesario superar estas barreras para consolidar un crecimiento sostenido y con mayor impacto en la calidad de vida.

