Las becas Sinersa en UDEP permiten que los escolares hijos de agricultores puedan estudiar en dicha universidad y cumplir sus sueños profesionales.

Juan Yovera, coordinador de Responsabilidad Social de Sinersa, nos cuenta que la empresa apostó por la educación de los jóvenes. Estos de las localidades aledañas a las centrales hidroeléctricas de Poechos y Curumuy. Como Lancones, Querecotillo, Salitral e Ignacio Escudero. Desde el año 2004.

Cuando la empresa de energía eléctrica llegó a la zona, los funcionarios se dieron cuenta de que uno de los principales problemas de dichas comunidades era la falta de educación. Por ello, primero pusieron en marcha el programa “Construyendo escuelas exitosas”, en convenio con IPAE. Consistía en desarrollar reforzamiento académico estudiantil de los escolares. Involucraba a profesores y padres de familia.

“Sin embargo la empresa descubrió que, a pesar de todos sus esfuerzos, los niños que terminaban el colegio, ya no podían acceder a una educación superior. Sobre todo universitaria, debido a la falta de recursos”, cuenta Juan Yovera, que también fue becado por Sinersa; para estudiar en la Facultad de Comunicación de la UDEP.

Por ese motivo la compañía extendió el programa “Escuelas exitosas”, como una preparación pre universitaria. Además la complementó con el programa de Becas Sinersa en la UDEP. Se estableció en el año 2004, con la firma del convenio marco, y en el 2005 se dieron las cinco primeras becas.

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La beca, al principio se entregó para hijos de agricultores de las Juntas de Riego de Salitral, Lancones, Querecotillo e Ignacio Escudero (Sullana). Sin embargo, luego se extendió hasta las Juntas del Medio y Bajo Piura, y Sechura.

Desde el 2005 hasta la fecha, la empresa ha entregado 80 becas para hijos de agricultores y trabajadores. Con una inversión de más de 2 millones de soles. Sin embargo, a pesar que algunos jóvenes no completaron la carrera, la empresa SINERSA y la UDEP han decidido ampliar el convenio de becas hasta el 2022.

Hijos de agricultores en Udep

Juan Pablo  Castillo dejó la chacra de sus abuelos en Santa Sofía, Ignacio Escudero, y se convirtió en un exitoso ingeniero de la Universidad de Piura. Luego convertido en ingeniero civil, ha trabajado en grandes empresas y la misma empresa de energía eléctrica, donde ahora es supervisor de proyectos.

Ahora en Lima, trabaja como supervisor de proyectos para Sinersa. “Al inicio las becas solo eran para los socios de la Junta de Usuarios, mis papás no eran socios, pero sí mis abuelos. Así que mis papás iban a preguntar si había también para los nietos, en un principio les dijeron que no. Pero terminó siendo también para los nietos”, añora.

“Al inicio fue chocante porque el nivel de exigencia era alto, pero si me esforcé bastante. Gracias a ello pude obtener el puntaje para mantener la beca”, cuenta ahora orgulloso de sus logros.

Otro caso es el de Cindy Rivas Chavez, una joven estudiante de ingeniería mecánico eléctrica en la UDEP. Vivía en un caserío alejado de Catacaos. El año pasado viajó a México para hacer un intercambio académico en la Universidad Panamericana de dicho país.

También fue becada por ser hija de agricultores. Su papá siembra arroz y maíz, en su parcela de Paredones.

“La beca Sinersa representa un paso más para el crecimiento de mi ciudad y del Perú, participar en concurso de becas y elegir estudiar ingeniería, es un honor. Yo sé que puedo aportar en el ámbito eléctrico y mecánico o de la automatización para mejorar la vida de las personas”; contó.

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