La fe y la devoción que una persona puede tener hacía un santo es tan fuerte e inquebrantable como el acero o el titanio. Prueba de ello es la veneración que los devotos del Señor Cautivo de Ayabaca tienen y practican todos los años. Ellos recorren grandes distancias a pie para acudir al encuentro con el santo ayabaquino.

En el altar del Cautivo en la Iglesia de Ayabaca, los feligreses oran, piden, lloran. Le agradecen las promesas que les cumplió y juran volver al año siguiente de nuevo en su encuentro. También se encuentran las personas que buscan un milagro y ruegan para que se cumpla y se haga realidad.

La fama del Señor Cautivo de Ayabaca ha traspasado fronteras y es usual encontrar peregrinos de países como Ecuador en las calles de la provincia que van adorarlo.

Sin duda, lo que los devotos resaltan del patrono de Ayabaca es su inmensa bondad para que conceder los milagros que le piden. Así, lo testifica Marylin Tocto, ayabaquina de 50 años que en el 2020 pasó el capítulo más difícil de su vida. Ella asegura, que sin la intervención del Cautivo ahora no estaría viva.

Marylin Tocto recibiendo su diagnostico en el Hospital Almenara

El año pasado Marylin se contagió de COVID-19. Tras más de dos semanas de reposo y tratamiento logró superar el cuadro, sin embargo, tiempo después comenzó a tener fuertes dolores de cabeza. Los dolores eran cada vez fuertes y contantes.

En un principio su familia pensó que eran secuelas de la COVID-19. No obstante, ella decidió acudir al Hospital Cayetano Heredia de Piura en donde le practicaron una tomografía. El examen reveló que Marylin tenía un tumor en el tronco encefálico. Los doctores no le dieron esperanzas y solo atinaron a recomendar que le den calidad de vida y que en los próximos seis meses moriría.

SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA
Foto: Carlos Tamayo.

La incertidumbre y desolación se apoderaron de la familia. No obstante, decidieron buscar una segunda opinión y fueron al Hospital Almenara en la ciudad de Lima.

“Cuando fui a Lima yo iba con mi estampita del Cautivo para todos lados. Cuando mi iban a ser mis tomografías, los enfermeros me decían ‘sacase su señorcito’. Yo les respondía que él me iba a salvar, él es mi cautivito, el patrono de mi Ayabaca”, cuenta Marylin.

Los doctores del Almenara determinaron que había que intervenir quirúrgicamente a Marylin. No sin antes advertirle de los riesgos de la operación: ella podía quedar con secuelas o no resistir la cirugía. Es así como el 19 de agosto del 2020, Marylin ingresa al quirófano.

“Gracias al Cautivo que iluminó a los doctores, la operación fue exitosa. Cuando me tocó regresar por segunda vez para mis controles, no fui sola. Llevé un cuadro del Señor Cautivo y lo dejamos en la capilla del Hospital para que la gente lo conozca y sepa lo milagroso que es”, señala.

Marylin entregando una imagen del Señor Cautivo a la capilla del Señor Almenara
Más milagros

Otra piurana, a quien llamaremos «Lucy» (35) sufría de gastritis crónica, pero nunca la trataba correctamente. Enero del 2017 sufrió una recaída con dolores constantes de estómago. En ese contexto, decidió acudir al médico y, tras una endoscopia, le detectaron metaplasia, una malformación en las paredes del estómago que, de no ser atendida correctamente, podría derivar en un cáncer de estómago.

Ella comenzó el tratamiento médico, pero su situación no mejoró demasiado.

A finales de septiembre del ese año, Lucy y su madre fueron a Ayabaca a rezarle a Señor Cautivo por una promesa que él le había cumplido.

“Como costumbre mi mamá había encendido y ubicado las velas en el lugar indicado. Mientras oraba frente a la imagen, al momento sentí algo en mi estómago: un pequeño fuego, era cálido, pero no al punto de causar daño, fue una sensación rara que no se si duró minutos o segundos”, recuerda Lucy aquel momento.

Meses después, ella regresó a su control, para ver como evolucionaba mi enfermedad. Le realizaron una nueva endoscopia con biopsia. Los resultados salieron favorables: la metaplasia había desaparecido y la gastritis ya no era crónica. El médico le dijo que era muy pronto para que haya desaparecido del todo e incluso de haber tenido una gastritis crónica que pasara a leve.

“En ese momento recordé lo que pasó en Ayabaca y sin duda alguna me convencí del poder de mi cautivo. Los milagros existen, hoy por hoy creo en ellos y sé que se presentan en hechos, Dios tiene mil formas para hacernos sentir su presencia, no necesitamos verlo, él puede presentarse en cada uno de nosotros”, culmina.

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