En Catacaos, cuna de una de las expresiones artesanales más emblemáticas del norte peruano, dos orfebres buscan dar un paso clave para proteger su legado. Los hermanos José y Miguel Ipanaqué Fernández han planteado la creación de un Museo de la Filigrana, un espacio destinado a conservar y exhibir herramientas tradicionales heredadas de su padre.
La propuesta apunta a rescatar piezas utilizadas hace más de un siglo en la elaboración de joyería, como mecheros, sopletes manuales, fraguas y morteros. Según explican en entrevista con Diario Correo, el objetivo es mantener viva una técnica que forma parte de la identidad cultural de la localidad.
Un taller detenido en el tiempo
El proyecto nace desde su propia vivienda, ubicada en la calle Pisco, donde aún se conserva el antiguo taller de su padre, José Ipanaqué Guaylupo, quien ejerció el oficio hasta finales del siglo XX. Ingresar a este espacio, señalan, es como retroceder varias décadas y observar de cerca el proceso artesanal con el que se moldeaban piezas de plata y oro.
Los hermanos continúan hoy ese oficio, transformando metales en aretes, collares y pulseras que mantienen el sello tradicional de la filigrana. En ese mismo ambiente lograron recuperar herramientas que estuvieron en riesgo tras un incendio cercano, lo que reforzó su intención de proteger este patrimonio.
Tradición familiar que busca proyectarse al turismo
Más allá del valor histórico, la iniciativa también busca convertirse en un atractivo cultural para visitantes. Catacaos ya cuenta con espacios vinculados a su tradición, como el museo dedicado a la chicha de jora, y los artesanos consideran que la filigrana merece un lugar similar dentro del circuito turístico.
De concretarse, el museo no solo exhibiría piezas antiguas, sino también contaría la historia de generaciones dedicadas a este arte, transmitido de padres a hijos.

