En el número 520 de la Calle Tacna se encuentra la sede de El Chalán, una heladería que durante 43 años se ha mantenido como sello de tradición en Piura.

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La heladería cuida que la tradición se refleje incluso en la vestimenta. Foto: Malú Sánchez

Vestidos con camisas blancas y pañuelos rojos, simulando ser chalanes, los mozos hacen gala de su amabilidad y ofrecen la carta junto con un “Bienvenidos a El Chalán, donde la calidad es tradición”.

Aunque las opciones para saciar el hambre o la sed son variadas: sándwiches, tortas, jugos, milshakes…son los helados y las cremoladas los protagonistas del lugar.

A la carta

El Chalán ofrece 72 sabores de helados a lo largo del año. La mayoría de los que conforman la lista son elaborados con frutas de estación, como mango o tamarindo; mientras que otro lote se caracteriza por la innovación en sus sabores, como pitufo o chicle.

Los 26 tipos de cremoladas también son solicitadas por el público. La variedad de sabores combina bien con el deseo por sentir un poco de frescura en medio de este calor piurano. Nunca está de más un cremolada de sandía, piña, kola o ponche.

Los 72 sabores de helados y los 26 de cremoladas convierten a la heladería en una de las más visitadas por los piuranos. Foto: Malú Sánchez

Historia

Para que estos aperitivos brillen como ahora lo hacen, los primos fundadores – Ángel Cotillo García, Alberto Casas García y Pedro Díez García– tuvieron que reinventar la idea de negocio que habían propuesto en 1975.

Inicialmente, habían decidido que El Chalán estaría enfocado en la venta de bocadillos locales, como toffees, natillas y chifles, pero fue un trabajador llamado Federico, conocedor de la preparación de helados, quien les propuso, a modo de prueba, comprar una máquina y lanzarlos al mercado.

Ángel Cotillo, uno de los socios fundadores, junto a uno de los maestros heladeros. Foto: El Chalán
La heladería ha mantenido la tradición a lo largo del tiempo. Foto: El Chalán

La idea fue innovadora no solo porque al sabor vainilla le llamaron “imperial”, sino porque a partir de la acogida se ideó una nueva forma de llegar al público: la circulación de carritos heladeros. Ser pioneros en esta forma de venta hizo posible que se implementara un nuevo producto, los chupetes con sabor a kola, orange y kola-orange.

El éxito fue sobresaliente durante los seis primeros años, pero después la reputación de la marca comenzó a correr peligro cuando algunos de los vendedores empezaron a producir sus propios helados para luego ofrecerlos bajo el resguardo del nombre “El Chalán”.

Así, mejor se optó por dirigir la concentración a cada uno de los establecimientos: se contrató a maestros heladeros y se remodeló la fábrica central, aquella que actualmente es una de las más grandes del norte del país.

Tradición

El resultado no se hizo esperar y, ahora, El Chalán se ha expandido de tal forma que tiene diez locales de atención al público, dos de ellos en Chiclayo y uno en Tumbes, y 165 personas trabajando en sus instalaciones.

Pero esta innovación no significa pérdida de tradición, Juan Carlos Cotillo, gerente general de la empresa, ha considerado oportuno mantener el ambiente tradicional en el local principal.

Él afirma que si se desea vivir la experiencia nostálgica de hace 20 o 30 años solo se debe asistir al establecimiento de la calle Tacna, aquel que está frente a la plaza de Armas y que no podría ser omitido por los ojos de los turistas.

El local principal en sus inicios. Foto: El Chalán

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