En pleno confinamiento, el sacerdote Laurence Flynn se convirtió en el único habitante de una isla sagrada, situada en el condado de Donegal, en el norte de Irlanda. Esta isla generalmente estaba llena de peregrinos.

Desde el siglo V, este lugar santo atrae a los peregrinos católicos que acuden para pasar tres días de ayuno, pronunciar oraciones con los pies descalzos y hacer veladas nocturnas.

Pero, debido a la pandemia, se anularon las peregrinaciones, por primera vez desde 1828. «Elegí venir aquí por solidaridad con quienes no tienen elección entre quedarse en el mismo sitio o desplazarse con mayor libertad», mencionó el sacerdote de 69 años.

Flyynn reside en la isla desde el 1 de junio. «Al hacer la oración del camino de la cruz cada día de manera humilde, conservo el ritmo de la peregrinación viva», agregó.

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Peregrinación

En un verano normal llegan hasta 400 peregrinos por día a la isla sagrada. En el marco de la peregrinación, los creyentes solo tienen derecho a alimentarse con té, café con leche, pan seco o tostado o pasteles secos con avena.

Provenientes del mundo entero, los peregrinos deben velar durante 24 horas y hacer oraciones de nueve horas con los pies descalzos.

Los visitantes caminan y se arrodillan rítmicamente bajo la sombra de un campanario situado en el sitio de la gruta que habría sido mostrada a San Patricio en el año 445. En esa gruta, la leyenda cuenta que San Patricio vio las puertas del infierno.

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