El 27 de marzo de 2017 marcó un antes y un después en Piura. A casi una década de aquella emergencia, el temor persiste entre la población debido a que las condiciones que originaron el desastre no han sido resueltas. En marzo de 2026, especialistas y vecinos advierten que el peligro continúa vigente, en un escenario donde el cauce del río luce más reducido y colmatado.
Aunque el fenómeno fue atribuido en su momento a factores climáticos, diversas voces sostienen que la tragedia también fue consecuencia de decisiones humanas. En ese sentido, la falta de acciones estructurales ha mantenido a la región en una situación de vulnerabilidad permanente.
Cuarto puente y fallas estructurales agravan el riesgo de inundación
El past decano del Colegio de Ingenieros de Piura, Leopoldo Villacorta, sostiene que el desborde ocurrido en 2017 era previsible. Según explica, uno de los puntos críticos se ubica en el cuarto puente, donde el comportamiento del agua genera un efecto de rebote que incrementa el riesgo de inundaciones en la margen derecha.
Además, advierte que se habría reducido el ancho natural del río en aproximadamente 40 metros, lo que limita el flujo adecuado del agua. Esta intervención, lejos de mitigar riesgos, habría contribuido a agravar el impacto de las crecidas.
A ello se suma la falta de ejecución de proyectos clave, como la construcción de reservorios. Pese a que existen estudios técnicos que identifican su ubicación y capacidad, Villacorta señala que no se han concretado decisiones políticas para su implementación.

Vecinos de Miraflores recuerdan pérdidas y temen un nuevo desastre
En zonas como la urbanización Miraflores, el recuerdo de la inundación sigue presente. Los vecinos relatan que el agua no solo arrasó con viviendas, sino también con negocios y proyectos de vida.
Flor de María Infante, vecina de la urbanización, asegura que el impacto fue devastador y transformó la realidad de muchas familias. Sin embargo, subraya que el panorama actual no ha mejorado; por el contrario, considera que el riesgo es mayor debido a la colmatación del río.

Según explica, incluso caudales menores a los registrados en 2017 podrían generar nuevas inundaciones, lo que incrementa la preocupación entre los habitantes.

Cura Mori sin refugio ante una posible emergencia
En el distrito de Cura Mori, uno de los puntos más afectados durante el fenómeno de El Niño costero, la situación es igualmente crítica. Durante la emergencia de 2017, el templo Señor de los Milagros funcionó como albergue para más de mil personas que huían del avance del agua.
No obstante, actualmente esa infraestructura ya no podría cumplir el mismo rol. Integrantes de la hermandad señalan que el recinto ha sido declarado inhabitable, lo que deja a la población sin un espacio seguro ante una eventual emergencia.
Frente a ello, la comunidad impulsa la reconstrucción del templo como una obra de impacto social, orientada a brindar apoyo en situaciones de desastre.

Una década de estudios y ausencia de decisiones concretas
A nueve años del desborde, la población cuestiona la falta de avances en obras de prevención. Pese a los cambios de gobierno, las soluciones continúan en etapa de estudio, sin ejecución tangible.
Esta inacción, advierten especialistas y ciudadanos, mantiene a Piura en condiciones similares o incluso más vulnerables que en 2017. El río, que ya provocó una de las mayores emergencias en la historia reciente de la región, podría volver a desbordarse.

En consecuencia, el riesgo no solo está asociado a factores naturales, sino también a la falta de medidas concretas. Para muchos, el problema ya no es el agua, sino el abandono de soluciones que siguen sin materializarse.

