En plena temporada alta de verano, cuando hoteles, restaurantes y playas registran su mayor dinamismo, la región Piura enfrenta un nuevo periodo de intensas lluvias que pone en riesgo al turismo, un sector estratégico que genera más de 59 mil empleos y moviliza millones de soles en actividades relacionadas como transporte, gastronomía y comercio.
De hecho, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) ha identificado que, durante 2025, el desempeño del turismo en la región ya mostraba señales de alerta. Entre enero y octubre de ese año, Piura recibió alrededor de 870 mil turistas en hospedajes de toda la región, una caída de 16% frente al mismo periodo de 2024, cuando la cifra superó el millón de visitantes, según cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). El desempeño también es inferior a lo alcanzado en 2019, periodo prepandemia, cuando los hospedajes de la región recibieron a 1 millón 130 mil turistas.
Fenómeno natural
Ahora, el panorama se complica. La Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) ha advertido que un nuevo Niño Costero –que, a diferencia del Niño Global, afecta exclusivamente las costas peruanas y ecuatorianas– iniciaría en marzo, con intensas lluvias y riesgo de inundaciones y deslizamientos. No se trata de hechos aislados: históricamente, Piura ha sido una de las regiones más vulnerables frente a estos episodios.
Sin infraestructura resistente a las lluvias, Piura pierde competitividad.
Las lluvias ya vienen afectando la infraestructura vial y turística de la región. Las interrupciones del tránsito no solo dificultan el traslado de turistas hacia playas y atractivos. También encarecen el abastecimiento de hoteles y restaurantes, reducen el flujo de visitantes y generan cancelaciones.
Germán Vega, economista de REDES, advirtió que el problema es estructural: solo el 27% de la red vial departamental, que conecta las provincias dentro de una misma región, está pavimentada, de acuerdo con datos del Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC).
En la práctica, esto significa que el porcentaje restante (73%) no dispone de capas asfálticas resistentes, por lo que, ante lluvias intensas, las pistas se erosionan con rapidez.
Situación en Talara
La situación es especialmente delicada en la provincia de Talara, que alberga populares balnearios como Máncora y Vichayito, y donde cerca del 73% de la red vial departamental tampoco está pavimentada. Incluso más grave es el estado de la red vecinal, que une los distritos de la provincia, pues más del 88% no está pavimentada. Por ello, en los últimos días, turistas que se hospedaban en las diferentes localidades de Talara reportaron dificultades para trasladarse.
En cuanto a la red nacional, que conecta la región de Piura con el resto del país, la situación tampoco es alentadora. El MTC ha declarado en emergencia el tramo de la Panamericana Norte que conecta con Tumbes, debido a su estado crítico. Esta vía es el principal eje de conexión del norte del país, por lo que su deterioro impacta directamente en la llegada de turistas. Como consecuencia, se ha reportado la cancelación de cientos de paquetes turísticos hacia destinos del norte.
“Cuando las carreteras carecen de pavimento, drenaje adecuado y mantenimiento preventivo, las lluvias intensas provocan deslizamientos, deterioro acelerado e interrupciones prolongadas del servicio de transporte. Es decir, el mal estado de las vías amplifica los efectos de los eventos climáticos y sus consecuencias económicas. En ese sentido, el problema no es únicamente la lluvia, sino la falta de infraestructura resiliente”, señaló Vega.
El especialista explicó que la infraestructura resiliente es aquella capaz de resistir, adaptarse, recuperarse de un desastre, y seguir funcionando sin colapsar. Esta incluye las pistas y carreteras, pero también otros servicios críticos como el suministro de energía, el acceso al agua y la atención médica. Vega detalló que invertir en este tipo de infraestructura suele implicar mayores costos iniciales, pero, a largo plazo, es un beneficio neto. Se calcula que, por cada dólar invertido en infraestructura resiliente, se pueden ahorrar hasta 13 al evitar costos de reconstrucción y pérdidas económicas futuras.
“Enfrentar un fenómeno climático sin la infraestructura adecuada no solo tiene impactos materiales inmediatos, sino también reputacionales. La inseguridad e incertidumbre que genera el colapso de vías, salud, energía o agua repercute directamente en futuras decisiones de viaje. Así como, en la competitividad del destino. Por ello, si Piura aspira a atraer más turistas nacionales e internacionales, y consolidarse como destino turístico a nivel regional, necesita priorizar el mantenimiento preventivo y el fortalecimiento de servicios clave”, concluyó el especialista de REDES.

