Como ya es costumbre, cada 13 de octubre se celebra el día centra de la festividad del Señor Cautivo de Ayabaca. Durante esta fecha muchos fieles viajan desde todas partes del país para adorar al «Cautivito» como lo llaman de cariño. Al igual que muchos de los fieles suelen hacer durante la festividad de la Virgen de las Mercedes, algunos de ellos suelen ir de rodillas o arrastrándose durante la procesión para cumplir promesas hechas al santo Señor.

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Incluso, los grupos peregrinos suelen viajar en grandes colas hacia la tierra del Cautivo, muchos de ellos llevan una Cruz a cuestas, otros con sus mochilas y en ella lo indispensable. Con ellos traen instrumentos musicales y en el camino vienen ejecutándolos, cantando para atenuar el trajín de la caminata.

Estos grupos de peregrinos son las llamadas Hermandades. En algún momento en el pasado, inclusive presos con delitos leves han obtenido permiso para retirarse de la penitenciaría y cumplir con su promesa de “peregrinar” hacia el Divino Cautivo. Cumplida tal promesa regresan a su prisión.

La historia

Según la historia, el año 1751, el sacerdote español García Guerrero quiso dar a su pueblo una imagen del Señor; para lo cual se decidió utilizar un tronco, del que había brotado sangre luego que un labrador le diera un hachazo. Era de un árbol de cedro, encontrado en el cerro Zahumerio de Jililí.

Tres hombres vestidos con impecables ponchos blancos de lana llegaron al pueblo de Ayabaca. Trotaban sobre tres briosos caballos albinos. Eran artistas talladores. Y se comprometieron a esculpir la imagen del Señor Cautivo a condición de que el pueblo guardara absoluta reserva sobre su presencia. Nadie, además, debía interrumpirlos durante sus labores y los alimentos les serían servidos solamente al amanecer. Ningún poblador debía verlos trabajar.

Pasó el tiempo y la curiosidad de los ayabaquinos pudo más que su paciencia. Querían ver los avances de trabajo de los tres misteriosos caballeros. Los pobladores se acercaron a la casa, llamaron insistentemente y, al no obtener respuesta, creyeron que se habían burlado de ellos. Entonces forzaron la puerta. En el interior no había persona alguna y la comida estaba intacta. Pero ante ellos se alzaba, imponente y majestuosa, la escultura de un Nazareno con las manos cruzadas. Sólo entonces se dieron cuenta de que los autores eran ángeles vestidos de chalanes que al concluir la escultura alzaron vuelo y se perdieron. La historia creció, al igual que la fe y devoción, más aun si consideraban todo ello, una “obra de ángeles”; como la llamaron.

El Cautivo representa el momento en que, tras ser apresado en Getsemaní, Cristo fue abandonado por sus discípulos (ver Mt 14, 50). Jesús, de pie, maniatado, refleja en su rostro una profunda desolación. Viste túnica morada con áureos bordados. Sus poderosas manos están atadas con dorado cíngulo. Sobre su cabeza esta una corona de espinas de oro, en la que resplandecen tres potencias del mismo metal.

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