Hay pendientes en Piura que no admiten esperar al primer aguacero. La especialista Marina Farías identifica cuatro: el estado de las defensas del Bajo Piura, la capacidad operativa real del reservorio Poechos, una salida definitiva para el río Piura y la preparación de la población. Todos, dice, deben abordarse ahora.
Atrás quedaron temporadas que dejaron una lección incómoda: reaccionar cuando el agua ya anega las calles significa llegar tarde. De ahí que Farías insista en adelantar la prevención, en lugar de improvisarla durante la emergencia.
Los diques del Bajo Piura, a revisión
Las estructuras que contienen al Bajo Piura encabezan la lista. Farías, investigadora del Instituto de Hidráulica, Hidrología e Ingeniería Sanitaria de la UDEP, plantea un diagnóstico preciso: determinar en qué estado se encuentran, ubicar los tramos frágiles y reforzar los que lo requieran.
A ello suma la necesidad de actualizar el padrón de viviendas asentadas en zonas expuestas. No basta con delimitar las áreas inundables; hay que saber cuántas familias deberían salir y a qué puntos serían llevadas.
Poechos: cuánto margen queda realmente
El reservorio Poechos requiere una evaluación sin demora. Los sedimentos acumulados han ido comiendo su espacio de almacenamiento, y Farías subraya la urgencia de establecer cuánta capacidad útil conserva y cómo se comportaría frente a lluvias de gran intensidad.
Con esos datos sobre la mesa, sería posible anticipar escenarios y ejecutar la laminación de avenidas según las reglas de operación, antes de que el reservorio llegue al límite.
El río Piura: mitigar no es resolver
El río Piura permanece como uno de los problemas estructurales de la región. Limpiar y descolmatar el cauce, advierte Farías, alivia el riesgo, pero no lo elimina.
Su propuesta es volver sobre las alternativas de mayor envergadura capaces de darle al río una desembocadura definitiva hacia el mar. El Plan Maestro Integral para el Control de Inundaciones y la Gestión de Transporte de Sedimentos de la Cuenca del Río Piura contempla evaluar técnicamente zonas como Chutuque, Sechura y Virrilá. Toda intervención —remarca— debe apoyarse en estudios técnicos y medir su efecto sobre las poblaciones implicadas. En paralelo, la coyuntura exige habilitar una salida provisional que sea viable.
Familias preparadas, no solo informadas
El cuarto frente toca directamente a quienes viven en las zonas más expuestas. Farías propone delimitar áreas seguras, trazar rutas de evacuación y definir albergues o puntos de traslado.
El reto, añade, es que esa información circule: que los vecinos conozcan las rutas y que los protocolos se ensayen con simulacros. Estas labores, sostiene, pertenecen a una agenda de trabajo continua y no a un plan que se activa únicamente con la alerta meteorológica encendida.
La especialista pidió al Gobierno Regional, a las municipalidades y al Gobierno Nacional articular esfuerzos en tres frentes: revisar la infraestructura, identificar las zonas vulnerables y planificar las obras que reduzcan el riesgo. “Piura no puede decidir cuándo lloverá, pero sí puede decidir qué tan preparada estará cuando vuelva a llover”, sentenció.

