En el Día Nacional de la Marinera, Walac Noticias conversó con Pierina Chávez, campeona nacional de marinera y tondero. Su historia es la de una niña tímida que bailaba seria y con vergüenza, hasta que la danza la transformó en campeona y en maestra de estas bellas danzas peruanas.
Hoy, 7 de octubre, el Perú celebra el Día Nacional de la Marinera, y pocas historias representan mejor el espíritu de esta danza que la de Pierina Chávez. Campeona nacional de marinera y tondero, maestra y emprendedora, su vida es un ejemplo de cómo la timidez puede convertirse en la mayor fortaleza.

Porque Pierina no siempre fue la mujer segura que hoy dirige una academia y enseña a decenas de alumnos. «Yo soy una persona introvertida», confiesa. «Ahora me ven aquí en una entrevista, y gracias a la marinera he desarrollado más habilidades».
Una madre que la llevó de la mano
Todo empezó por su mamá. Fue ella quien la vio en un periódico físico—»en ese tiempo así era, físico»— donde se anunciaba una convocatoria para un elenco de niños en el Teatro Municipal. «Te llevo», le dijo. Y Pierina fue. Su hermano y ella siempre fueron disciplinados y obedientes, y así, casi sin darse cuenta, dio sus primeros pasos en la danza.
La marinera y el tondero, sin embargo, no se aprenden de un día para otro. «Es como un médico general que luego tiene que hacer su especialización», compara. Su primer maestro fue Carlos Chunga, fallecido recientemente, a quien recuerda con cariño: «Una persona que yo quería mucho».
La niña que bailaba seria
Su primer concurso fue escolar y, lo admite con honestidad, «no me fue muy bien». Bailaba con una cara muy molesta, sin sonreír, con vergüenza de que se le acerquen. «Me veo a mí misma y digo: uy, así era yo». Para perder esa timidez, sus primeras parejas de baile y ella intentaban algo muy sencillo: «Salir a comer un heladito, ir a pasear al parque, él a veces llegaba a mi casa a almorzar». Era la forma de generar confianza antes de pisar la pista. «Es bastante importante llevarte bien con tu pareja», asegura.
Su primera victoria la recuerda con especial emoción, porque su abuelo—»una persona buena»— estaba presente. «Llevé con mucho orgullo ese primer campeonato. Tener tu primera banda es una ilusión muy grande».
De la azotea a la academia
La pandemia, reconoce, «cosas tan malas no nos trajo». Pierina, licenciada en administración de empresas, perdió su trabajo cuando no le renovaron el contrato. Pero ya la conocían por su trayectoria, y empezaron a llamarla para talleres virtuales. Así, poco a poco, nació su academia: primero en «una azotea al costadito de mi casa, en un cuadradito chiquitito», hasta abrir oficialmente en 2022.
«Me siento más contenta cuando ellos ganan»
El reto más grande fue el presupuesto. «No es muy sencillo conseguir financiación cuando eres arte, y mucho menos cuando eres una persona joven», explica. Tenía unos ahorritos, y por eso la academia empezó humilde. «Como todo emprendedor, por algo tenemos que empezar».
Hoy, ver crecer a sus alumnos—muchos desde los cuatro años, formados desde su primer lateral y su primera cogida de pañuelo— es su mayor orgullo. «Se siente como ver crecer a tus propios hijos». «Cuando ellos ganan, creo que me siento mucho más contenta que cuando yo gano. Es una emoción doble».

Su legado va más allá de los trofeos. «La marinera nos da muchos valores», reflexiona. «Quiero que aprendan que cuando fallamos nos podemos levantar, que la perseverancia siempre nos lleva a lograr nuestros objetivos, y que nuestro Perú, a pesar de todo, es muy valioso y rico en cultura».
A quienes tienen miedo de empezar, les deja un mensaje claro: «No hay límite de edad para aprender. Cada uno va a su propio tiempo. Si quieres tomarlo como hobby o hacerlo profesional, aquí estamos para acompañarlos y guiarlos siempre», finalizó la campeona nacional.

